¿Cómo es explica en este tiempo de crisis
económica, causada por el sector financiero,
conceder la sanidad[1] a la financiación
privada? y ¿Cómo se puede pensar,
siendo la sanidad un pilar del estado, su
financiación con recursos distintos de los públicos?
La propuesta valora unas ventajas y
olvida los inconvenientes del modelo enunciado
por ese sector financiero, que casi
nada aporta al desarrollo de la sociedad y
que el beneficio que introduce en el sector
de la ingeniería civil es vacuo y efímero, por
lo que se presentan las razones que conducen
a dejar de lado la concesión para
construir hospitales.
El artículo señala la construcción de hospitales
sin utilizar recursos públicos, pero esto
no es así, porque las obras públicas en régimen
de concesión se financian con el dinero
de los ciudadanos, mediante un precio,
durante todo el periodo de la concesión. Y
el retorno para el inversor incluye, además
del valor de la obra, los intereses acumulados
y el beneficio financiero.
Las concesiones más recientes conocidas
son el Metro ligero de Madrid, donde
por cada viaje, el viajero paga 1 euro de billete
y la Comunidad de Madrid paga casi
otros 5 euros, y la M-601 para cerrar el anillo
de la M-50 de Madrid, cuyo estudio de viabilidad
establece que cada vehículo paga
3 euros y la Comunidad de Madrid habrá
de pagar casi tres veces el importe de la
obra durante el plazo de la concesión.
Desde el punto de vista contable, no es
ventaja significada que las inversiones no
computan en las cuentas públicas y, al margen
de las obligaciones legales, la expresión
de las mismas ha de expresar fielmente la situación
financiera y patrimonial, sin que
quepa ocultar los compromisos contraidos
a largo plazo.
Atendiendo a los plazos de ejecución,
los proyectos concesionales no son más rápidos
de ejecutar. Los factores determinantes
son los requeridos por las actividades ingenieriles,
los trámites administrativos y la
capacidad de gasto.
Los primeros son bien conocidos por los
proyectistas y constructores: las obras empiezan
por los cimientos y acaban con la
limpieza de la obra, incluyendo numerosas
tareas concatenadas; Los segundos son
imprescindibles para asegurar el cumplimiento
de los procedimientos legales relacionados
con la igualdad y la transparencia
de la administración pública y la protección
del medio ambiente; Y el tercero,
que podría influir en el ritmo de construcción
para adaptar ésta y los flujos de recursos,
llega a detener una obra, ejemplo actual
de lo cual es el nuevo estadio del Valencia
FC, pero nunca se ha conocido una
gran obra por eso construida más rápidamente.
En este mundo globalizado, la única
ventaja competitiva empresarial perdurable
radica en la calidad del producto o servicio,
que suele estar enfrentada con el coste,
aun más en las empresas financieras. A
modo de estímulo a la calidad del servicio,
se señala un “catálogo de penalizaciones
para el supuesto de que la calidad obtenida
no alcanzase la estipulada en el contrato”,
lo que choca con la realidad ingenieril.
Con lo difícil que es establecer parámetros y
especificaciones a los materiales y a las unidades
de obra, con lo que cuesta prescribir
los procedimientos constructivos, con lo
complicado que es llegar a puntos de
acuerdo en la recepción y abono de las
obras inconclusas o mal ejecutadas, cómo
cabe pensar en establecer algo ligeramente
parecido en la sanidad.
Una estrategia empresarial típica para
tener beneficios es el crecimiento. Es por vía
de la investigación, el desarrollo y la innovación
que un producto o servicio atrae más
clientes. Es así que se espera un gran crecimiento
de la demanda de las tecnologías
de producción de energías renovables, en
la que España es líder mundial. Y es una estrategia
legítima y plausible, pero en la sanidad
no es deseable e, incluso, es moralmente
reprobable. No tiene justificación alguna
la expansión del negocio, aumentando
servicios sanitarios innecesarios como,
por ejemplo, el parto por cesárea sin justificación
médica, sólo económica.
Llegados aquí, hay que plantearse qué
sentido tiene la propuesta, que sólo tiene
solución desde un planteamiento político.
En Madrid se financian obras con capital
privado, porque así lo quiere la Presidenta
de la Comunidad, que es el principal baluarte
del poder económico y referente
conservador. Y mientras tenga la mayoría
absoluta, seguirá siendo así. En Estados Unidos,
por ejemplo, aquellas formulas de financiación
han conducido a que 45 millones
de personas no tienen atención sanitaria
porque no pueden pagarse un seguro
privado. En fin, según qué propuesta, no cabe
más conclusión que recurrir a la financiación
privada, Y esto para abordar cualquier
inversión; igual da que su aplicación sea a
la sanidad que a las obras. Así que, para
qué la revista de obras públicas; vista la propuesta,
cabe cambiar a la revista de obras
privadas.
Por último, es de agradecer a los autores,
Antonio M. López Corral, Antonio Sánchez
Soliño y Samuel Carpintero López, la
publicación del artículo, tanto para dar
contenido a la revista, como para debatir
temas de la profesión. Por supuesto, en este
caso, la construcción de hospitales y la
prestación de servicios sanitarios públicos en
régimen de concesión no es beneficiosa
para la Administración sanitaria, ni para los
pacientes, ni para los Ingenieros.
[1]El texto literal comentado es “Si no se utiliza la
vía concesional, podría producirse un problema
de calidad asistencial que tardaría muchos años
en resolverse”